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 La evolución del papel de los medios en las elecciones presidenciales de Estados Unidos ha sido un fenómeno de transformación continua a lo largo del tiempo, marcado por adaptaciones significativas a las nuevas tecnologías. Inicialmente, los medios tradicionales como la televisión, los periódicos y las revistas eran los pilares fundamentales de la información para los ciudadanos estadounidenses. Sin embargo, con la creación de Internet, se produjo una revolución en la dinámica de las instituciones gubernamentales y la comunicación política. 

Para mediados de la década de 1990, las nuevas plataformas de medios políticos experimentaron un rápido avance, pasando desde simples sitios web sin mucha facilidad en su interfaz, utilizados en la campaña presidencial de Bill Clinton en 1992, hasta complejos portales web con funciones interactivas, foros de discusión, y otras secciones web en la cual es específicamente para enlistar algunos voluntarios y organización de eventos. Esta evolución permitió una mayor implicación del público en la producción y difusión de contenidos políticos. 

Surgen así los conceptos de "periodismo ciudadano", donde individuos presenciaban eventos que los medios tradicionales no cubrían, permitiendo a personas no vinculadas con élites políticas expresar sus opiniones directamente a los líderes (Owen, 2019, p.6). Los ciudadanos también se erigieron como agentes activos al capturar y difundir videos, cuya viralización podía ejercer una influencia notable en la evolución de los acontecimientos políticos. 

En 2006, la campaña de reelección del senador republicano George Allen se vio gravemente afectada por la difusión de un video viral en el que utilizó un término racista, refiriéndose despectivamente a una joven de origen indio que asistía a uno de sus mítines electorales. Este incidente tuvo un impacto significativo en la percepción pública de su campaña y sus perspectivas electorales. (Craig y Shear, 2006). Casos como el ya mencionado hay varios dentro de la esfera política como lo fue en las elecciones presidenciales de 2012, el candidato republicano Mitt Romney enfrentó críticas por un vídeo filtrado en el que parecía menospreciar a los votantes que reciben beneficios del gobierno, describiéndolos como dependientes del estado (BBC, 2014). Este incidente se utilizó en su contra para retratarlo como un candidato desconectado de las luchas y desafíos de la clase media y los sectores menos privilegiados de la sociedad. 

Estos nuevos medios, que engloba diversos tipos de páginas web, como los son blogs, plataformas para compartir vídeos, aplicaciones digitales y redes sociales, entre otros. Estas plataformas evolucionan de forma innovadora y han influido en la dinámica electoral, transformando la participación ciudadana en política. Por ejemplo, durante las elecciones de 2016, surgieron críticas hacia Facebook por supuestamente permitir la difusión de información falsa que favorecía a Donald Trump, lo que generó preocupación sobre la negligencia en la gestión de contenidos en la plataforma. Twitter fue criticado por no tomar medidas para detener la propagación de noticias inexactas y perfiles falsos que respaldaban a Trump mientras difamaban a Hillary Clinton, lo que generó interrogantes sobre la responsabilidad de las redes sociales en la difusión de información en campañas electorales. Además, los nuevos medios pueden transmitir información directamente a las personas sin la intervención de controladores editoriales ni institucionales, intrínsecos a las formas de comunicación clásicas. Esto ha introducido un mayor nivel de inestabilidad e imprevisibilidad en el proceso de comunicación política. 

En conclusión, la evolución de los medios de comunicación ha tenido un impacto significativo en las elecciones presidenciales de EE. UU. Han permitido que los ciudadanos estadounidenses se involucren en el proceso electoral, se informen y tomen decisiones sobre su voto.  







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